La primera entrada de este blog tenía que estar dedicada al lugar donde arranca mi proyecto, porque no es un sitio cualquiera. Me apetece contaros su historia y que conozcáis por qué es tan especial para mí.

Mi abuelo Manolo, oriundo del Barrio del Carmen de Murcia, trabajó como ferretero desde niño. El amor le trajo a vivir a Mazarrón y a hacerse cargo del Bar Guillermo, propiedad de su familia política.

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Después de muchos años detrás de la barra y con mucho esfuerzo y ahorro, pudo por fin en 1976 construir su sueño: la Ferretería Iborra. La apertura coincidió con el verano y como el bar estaba aún abierto, fue su hija Isabel (mi madre, que todavía era estudiante) la encargada de despachar a los primeros clientes.

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El negocio fue prosperando hasta el punto de que el local se quedó pequeño y en la misma calle mi abuelo adquirió un segundo bajo comercial que le servía de almacén. Junto a la entrada de la ferretería siempre había una bici con la que rápidamente se acercaban a él si necesitaban algún artículo.

Años después los problemas de salud impidieron a mi abuelo seguir trabajando, y fue mi tío Manolo quien entonces se hizo cargo de la ferretería.

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Muchos de los recuerdos de mi infancia transcurren entrando y saliendo de la casa de mis abuelos por su trastienda, queriendo ayudar cuando hacían una llave, jugando al escondite entre las estanterías o escuchando las batallitas del chacho Antonio cuando venía a visitarnos.

Después de algo más de dos décadas de actividad la ferretería bajó su persiana definitivamente a finales de los 90, habiéndose convertido durante ese tiempo en un lugar de referencia en el pueblo. Desde entonces el local ha vivido diferentes etapas, pasando primero por varios alquileres, convirtiéndose después en la primera ubicación del estudio de arquitectura de nuestra amiga Pepa Díaz, y finalmente en los últimos años su uso ha sido exclusivamente familiar.

El paso del tiempo y los problemas de humedades en todo el barrio han hecho necesaria su reforma integral. Me siento muy afortunada por poder disponer de este espacio y ha sido toda una aventura el haberle dado vida de nuevo con la ayuda de mi madre. Comienzo en él una etapa llena de ilusión y proyectos, y espero que este lugar se convierta no sólo en mi estudio, si no en un punto de encuentro y creatividad para todos.

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